Producciones no domesticadas

Narrativas laberínticas y rizomáticas

Los dibujos de Muriel Frega

Muriel dibuja maravillosamente y yo le escribí textos a cuatro de sus trabajos. Aquí compartimos el resultado con ustedes.


Maia Cuando escribía lo hacía casi en trance, como si toda yo fuera un espacio atractor de voces que llegaran a mí para atravesarme con el único propósito de ser registradas. En esos momentos mi cuerpo-mueble era sacudido por las vibraciones de un temblor que, supongo, tendría sus orígenes en el inconsciente -aquel fluido progenitor de esas otras palabras. Pretendía huir de la oralidad de la vida a la que encontraba tremendamente banal. Me aburrían las conversaciones porque -salvo casos excepcionales- eran montones de palabras mal apiladas que no decían nada o se enredaban de tal modo hasta transformarse en trampas. Desconfiaba de las palabras dichas al aire porque no quedaban pruebas de su decir, se diluían en el oxígeno y se perdían como si nunca hubieran sido pronunciadas.




frase


Le lancé una frase glamorosa y sublime. Sus palabras y las mías, desatadas y enardecidas, parecían saberlo todo acerca de nuestras esencias. Eran palabras en celo, apareándose salvajemente como intensos animales en la selva aún más intensa del lenguaje. Al igual que lo hacen los pavos reales, abrí el abanico de mis despampanantes páginas tornasoladas, en un sutil y maravilloso cortejo textual.
No exagero al decir que las palabras con las que lo seduje se comportaron cual materia viva en movimiento, animada por una potencia subyacente a lo visible.




melaza




Estoy empantanado en el inmóvil océano del tiempo, sintiendo esta lacerante necesidad de ser (es decir, de amar). Fuera de mí sucede la historia de los mundos pero sólo puedo observar. Soy incapacidad. Puro deseo. Acumulación de aburrimiento y frustración, de palabra disuelta sobre palabra disuelta por la corrosiva soledad del monólogo. Siempre el único, el mismo. Opaco y repetido, siempre yo. De pronto, cuando ya no lo espero…ella me abraza. Luego de miles y miles de años de rutina espesa, las aguas comienzan a fluir. Se abre un remolino. Algo me tantea y me captura. Siento un tirón desgarrador, como la mordida de un tiburón (¿el amor?). Y así soy rescatado de la melaza negra. Traído a la superficie. Por primera vez en la eternidad, me sucede un acontecimiento: ella. Ahora lo sé, la verdadera vida me ha tomado. Olvido lo que fui cuando todavía no era.



Bruno


Los ojos enfurecidos de Bruno, su agotador ir y venir, sus movimientos perpetuos, su mirada de fuego… ¿qué me guardan esas pequeñas pupilas rojas? ¿Resentimiento, miedo? Soñé alguna vez una familia como contracara del abandono, la calle, los cuerpos mortuorios, el vacío. Pero creí que una familia jamás me sería dada y menos un hijo. Luego nació Bruno. Hoy me pregunto ¿realmente tengo una familia y un hijo? Cualquiera sea la respuesta, debo protegerlo aunque me odie.


Sitioweb de Muriel Frega

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Written by Carina Maguregui

18 enero 2012 a 11:36 AM

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