Producciones no domesticadas

Narrativas laberínticas y rizomáticas

“La rutina es una sepulturera”.

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Necesitaba narrar la diversidad pero no atrapaba palabra. La última vez estuve un mes sin escribir. Nada en cuatro semanas. Ni siquiera una letra. O un punto. Permanecí 6 horas diarias, de 28 días, frente a una página en blanco. 168 horas de ensimismamiento.

De pronto, como si una fuerza sobrenatural me hubiese tomado, comencé a escribir con desesperación. Dos mil caracteres por página, cuatrocientas palabras en cada lienzo que antes era puro vacío. Cientos, miles de frases, kilos de parrafadas anticipando la voluptuosidad.

El tránsito vertiginoso desde el abismo de la nada a la abundancia del todo me superó. No pude con el vaivén. Terminé por adjudicarle esas palabras a un personaje que poco a poco cobró independencia. Logró despegarse del papel. Me respiró al oído. Allá él con la tarea titánica que le espera.

Ahora necesito del sonido para musicalizar el susurro pero no atrapo nota alguna. Con desconsuelo sobre el piano araño las teclas. Ay, ¿cómo dejo de causar estragos o belleza? Lo haré otra vez, es inevitable.

Carina Maguregui, Buenos Aires, marzo de 2011.

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Written by Carina Maguregui

28 marzo 2011 a 11:47 PM

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