Producciones no domesticadas

Narrativas laberínticas y rizomáticas

El mosquito/acontecimiento atrapado en el ámbar/tiempo

La dimensión del tiempo y la fascinación que éste ejerce sobre muchos de nosotros merece seguir indagando. El intento de ir más lejos, puede llevarnos -por ejemplo- a tratar de palpar las trazas cronológicas en los acontecimientos. Un film, una fotografía, una pintura pueden ser vistos como “textos” o “soportes” si pensamos en que capturan momentos y los fijan -por decirlo de una manera burda-. ¿Qué pasa cuando el soporte es un acontecimiento? ¿Puede tomarse un acontecimiento como texto? Este camino me condujo a Paul Ricoeur y su paradigma de interpretación de los acontecimientos.


En La acción considerada como un texto, las reflexiones de Ricoeur giran en torno a una pregunta que podríamos reformular de la siguiente manera: ¿en qué medida podemos decir que lo que se hace está inscripto?

Este interrogante resulta clave. Pues es en la inscripción donde deberíamos centrar la atención si nos proponemos interpretar un acontecimiento social como si fuera un texto “escrito”. Podríamos decir que la escritura es la inscripción por excelencia pero ello no significa que lo dicho en el habla y lo que se hace en la acción no sean pasibles de inscribirse en un espacio textual. Cabe hallar la correspondencia de esa inscripción que se da a través de la escritura en el texto, esta vez, (en nuestro caso) en el campo de la acción misma.

El concepto interesante es, sin duda, que podemos interpretar un acontecimiento social según el paradigma de Ricoeur siempre y cuando lo tratemos como a un texto fijo.

Con acierto, Ricoeur recurre a metáforas simples para iluminar la cuestión. Señala que solemos decir que tal o cual acontecimiento dejó una marca en su época. La “marca”, como la llamamos, no resulta ya tan abstracta y se acerca más a una noción de inscripción, de escritura (en el tiempo). Remite a ese tipo de cosas que requiere ser leída más que oída.

En realidad, lo que logra la inscripción es una fijación del acontecimiento, una forma de “detenerlo”, objetivarlo, para así poder considerarlo un objeto. Un objeto, por ejemplo, de las ciencias sociales.

Ahora me preguntaría dónde reside la dimensión social de un acontecimiento (nuestro objeto fijado como si se tratara de un film o de una fotografía) para tener la certeza de que se trata de un acontecimiento social. ¿Cómo saber que se trata de un acontecimiento social?

Una respuesta posible -seguramente debe haber muchísimas otras- nos la puede proporcionar la hermenéutica. En la misma forma en que un texto se desprende de su autor, una acción se desprende de su agente y desarrolla consecuencias que le son propias. Esta autonomización de la acción humana constituye la dimensión social de la acción. Ya lo anunció Roland Barthes al señalar que la muerte del autor da pie al nacimiento del lector. Y lo decía Proust cuando se refería al lector que se lee a sí mismo. Nada de autores, sino de lectores. Nada de “obra” sino de “productividad”.

De la misma manera que un texto se vuelve independiente de su autor y productivo -pues cada lector despliega un mundo o mundos posibles a través de las múltiples alternativas que ofrece un relato a la lectura/lecturas- también los hechos, nuestros hechos parecen escaparse y ejercer efectos que no nos propusimos. A quién no le pasó esto y más veces de las que quisiera.

Pero para no irme por las ramas quisiera volver a la inscripción del acontecimiento social. Sí, sí, “su escritura en el tiempo”. Las marcas metafóricas de las que habla Ricoeur esculpen el tiempo. Entonces aquí surge la pregunta, por lo abstracto de la idea, que es: ¿puede imprimirse un acontecimiento sobre algo temporal? ¿El tiempo es una matriz?

Parece ser que sí. El llamado tiempo social no es sólo algo fugaz, apenas un destello futil, sino el lugar de efectos duraderos, de consecuencias desprendidas, de pautas persistentes.

Una acción deja una huella, hace su marca cuando contribuye a la aparición de pautas que se convierte en los documentos (textos, archivos) de la acción humana. Según este criterio la historia misma no sería otra cosa que el registro de la acción humana, la suma de las “marcas” cuyo destino elude el control de los actores individuales. Ajá, aquí cuaja aquello de las consecuencias desprendidas.

Pensándolo de este modo, podríamos decir que las marcas de los hechos humanos significativos sedimentan en el tiempo y se convierten en instituciones, en el sentido de que su significación ya no coincide con las intenciones lógicas de los que les dieron origen.

De esta manera es posible volver a encontrar paralelo entre la acción significativa y el texto escrito en cuanto a que la intención del autor y el significado del texto dejan de coincidir. Esta disociación implica que lo que el texto dice ahora importa más que lo que el autor quería decir. ¿Película de final abierto? Algo así.

Al igual que un texto, la acción humana es una obra abierta, cuyo significado está “en suspenso”. Las consecuencias de ciertas acciones humanas sobrepasan las condiciones de su producción social, del mismo modo que un texto -abierto a quien pueda leer- desarrolla nuevas referencias y constituye nuevos “mundos posibles”. Estas acciones humanas también estarían abiertas a cualquiera que pueda leer. Su influencia se ejercería más allá de su tiempo contemporáneo y su capacidad productiva radicaría en el hecho de que puede abrir nuevas referencias y recibir una nueva pertinencia de ellas. (¿Leer estas trazas-consecuencias en la matriz temporal es hacer futurología?).

En otras palabras, continuamente espera nuevas interpretaciones (lecturas) que decidan su significación.

Si consideramos la acción significativa como un texto podemos afirmar que ofrece múltiples lecturas o interpretaciones pero el campo se acota cuando advertimos que no cualquier lectura es válida. (¡¡¡¡Ser intérprete o futurólogo no es fácil!!!!)

El o los significados del texto es/son algo muy distinto de la intención subjetiva del autor (o de los actores sociales, en el caso de un acontecimiento social) y por ello puede/n interpretarse de varias maneras. Epa, epa…pero ¿cuáles son válidas y cuáles no? E.D.Hirsch sostiene que no hay reglas para hacer conjeturas adecuadas. Pero hay métodos para validar conjeturas. Un camino posible es conjeturar, proponer hipótesis (comprender, aprehender) y validar (explicar, argumentar, respaldar).

A modo de salvedad y con respecto a los procedimientos de validación mediante los cuales se ponen a prueba o se contrastan nuestras conjeturas, Ricoeur concuerda con Hirsch en que están más cerca de una lógica de la probabilidad que de una lógica de la verificación empírica. Mostrar que una interpretación es más probable a la luz de lo que se sabe es algo distinto de mostrar que una conclusión es verdadera. En este sentido, validación no es verificación. La validación es una disciplina argumentativa, una lógica de la incertidumbre.

El texto presenta una topografía, un relieve. Sus distintos temas afloran a diversas alturas y profundidades por ello el acto de la lectura está impregnado de un tipo específico de parcialidad y esta parcialidad confirmaría el carácter conjetural o hipotético de la interpretación. (Por suerte, hay parcialidad…si no qué descolorido serían el tiempo y el espacio).
¿Y entonces? Aparentemente, la validación de una interpretación aplicada al texto (acontecimiento social en este caso) brindaría un conocimiento científico del mismo. Esto está para discutirlo con los científicos de las ciencias sociales o con quien se anime al meollo.

A mi no me da el cuero (ni el saber, ni nada) más que para plantear la pregunta.

Para ser aún más rigurosos a la hora de interpretar un acontecimiento habría que considerar las dimensiones intencionales y motivacionales de la acción. Sobre la base de los caracteres de deseabilidad sería posible argumentar sobre terreno más firme acerca del significado de una acción, argumentar a favor o en contra de cierta interpretación. En otras palabras, las motivaciones serían el material que brinda una orientación en el momento de interpretar.

Cómo se llega a separar a las motivaciones en semejante parva de variables emocionales es otra historia … que me excede… como los acontecimientos. ¿Y el tiempo? El tiempo vuela.

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Written by Carina Maguregui

13 febrero 2007 a 4:36 PM

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