Producciones no domesticadas

Narrativas laberínticas y rizomáticas

Réquiem para un árbol

Hace 7 años, en un cumpleaños de la Mini, un 20 de septiembre, le regalamos un palito borracho bebé para que lo plantara en la vereda de su casa. Averiguamos en el Gobierno de la Ciudad y dijeron que no había ningún impedimento. Esa noche hermosa todos colaboramos con la pala: el Gauchito, Blancura, Hernán, Elenita, Damián, Campanita, Mario, Caro y Chechu.

Mini lo llamó “Palindo”.

Era tan hermoso, Palindo, que -créase o no- despertó la mala leche de la vecindad. Al resto de los pelotudos que vivía en la misma casa que Mini y Gauchito les molestaba verlo crecer. Parece increíble pero los más intolerantes y apáticos de la ciudad vivían en esa casa (ni que hubiesen hecho un casting de gente resentida).

Cuestión que Palindo crecía pero sobrellevando costosas agresiones. Cada día aparecía con cortes, con ramas de menos, con pintura. Pero Palindo era muy testarudo y amaba la vida tanto como Mini, que lo había plantado, y se recuperaba y vuelta a la lucha. Unos centímetros más, una estiradita más, una hoja nueva. Al igual que Mini que soportaba las malas praxis médicas y sobrevivía a los horrores de la medicina argentina, Palindo sobrevivía a los horrores de la ciudadanía argentina.

En una oportunidad lo cortaron casi de cuajo, parecía la estocada final pero Mini lo abonaba, le ponía agua, lo cuidaba y decía lo va a lograr, no lo van a vencer”. Y bravo, Palindo haciendo honor a su estirpe resurgió de la agonía impuesta por la estupidez humana. De eso pasaron varios años. Mini no fue vencida por la impericia, la
negligencia y la insensibilidad de la medicina argentina, prefirió terminar ella con su propia vida antes de que la siguieran cortando en pedacitos los carniceros vergonzosos y hace dos años cuando pretendían convertirla en un despojo humano se fue contra un tren de frente.

En ese trágico momento de nuestras vidas, Palindo estaba fuerte y robusto. Dispuesto a continuar con la dignidad que lo había caracterizado desde su plantación. Hace tres semanas los “vecinos” de Donato Álvarez 2222 decidieron que era hora de que Palindo acompañara a su dueña al improbable cielo y lo cortaron desde la base con una sierra, para que no quedaran dudas ni esperanzas de recuperación. Ningún otro árbol de los alrededores fue talado. NINGUNO.

El Gauchito fue entonces al Gobierno de la Ciudad y luego a hacer la denuncia en la Comisaría que tiene jurisdicción sobre la cuadra donde vivía Palindo, nuestro árbol, el de la Mini, el de todos. Obviamente no pasará nada, porque no querían ni tomarle la denuncia (imagínense: una denuncia por la tala de un insignificante árbol cuando todos los días matan a la gente como pajaritos), pero mi Gauchito insurrecto dijo que su derecho era denunciar y la obligación de la policía tomar la denuncia, luego de dimes y diretes, la denuncia fue aceptada y asentada. Para que se dejen de talar árboles, personas y derechos.

Era nuestro árbol y lo queríamos… ¿está mal en este país de mierda esperar que los hijos de puta no se la agarren con un árbol?, ¿está mal esperar que los truchísimos y malparidos médicos de este paisito no practiquen impunemente más sus “pruebas y error”, sus carnicerías inenarrables, sobre los cuerpos de los seres humanos que se llaman pacientes?, ¿está mal envenenarse porque el sorete de Bush viene a la Argentina en noviembre y queremos putearlo y escupirlo hasta el hartazgo por los genocidios de cada día?

Estoy agotada de impotencia.

Gracias Mini, gracias Palindo por la lucha.

P.D: la denuncia por daño calificado (art. 184) contra el consorcio de Donato Alvarez 2222 -Paternal, Capital– fue hecha el día 29 de junio de 2005 en la Comisaría 29° de la Policía Federal Argentina por Héctor Maguregui, el Gauchito o árbol mayor. Gracias a él también por su infatigable peregrinaje.

Los amigos me enviaron sus pensamientos a mi correo electrónico y yo los transcribo aquí:


Si había algo en el aire
si había algo en el viento
si había algo en los árboles y arbustos
que podía ser pronunciado y en un tiempo pudo ser oído por los animales
que este Conocimento Sagrado nos sea devuelto otra vez.
Atharvaveda (VII,66)


Sandra Cornejo


Querida Carina, un árbol, mas otro árbol, mas muchos más, hacen un bosque, hacen muchos montes, esos montes chaqueños que en la década del 30, 40, 50 fueron derribados a golpe de hacha, sudor, sangre y muerte para llenar los bolsillos de los dueños de La Forestal, como lo muestra la película Quebracho. Y ahora, los depredadores van por mas, y en nombre del progreso, la economía y la globalización, parte del Chaco, Salta y Santiago del Estero se convirtió en un desierto donde sembraron soja.
Esta chaqueña, en nombre de mis hermanos quebrachos, algarrobos y tantos más, te rinde homenaje Palindo.
Elsa

Elsie Mechanik



Aun antes de que yo supiera lo que era intercambiar energias, mucho antes de
yo supiera como manejarlas conocí al Taponito (Mini). Habíamos compartido la gracia del amor, los dos por su hija Carina (con C) como le gusta….
Aun recuerdo un viaje juntos a la Pampa, y la pelea y defensa que hizo por
mi ante la familia política…
Tengo una mala (sana) costumbre de saludar con un beso a todo el mundo
tomándolo del brazo fuertemente, como dando confianza y seguridad..
Un día el Taponito me tomó de las manos porque hacia frio y como yo soy
atérmico siempre estuve a 37 grados tanto dentro como fuera.
Sentí una energía que venía de ella, tan fuerte, tan sabia, tan potente, que
me estremecí angustiado y le dije en ese momento lo que había sentido,
una oleada de amor infinito que podría cubrir todo el espacio.
Décadas despues supe que ella era un alma vieja, con mucha sabiduría, y
que asi como Jesús vino a sufrir al mundo para liberarlo, tendría una misión
en la tierra, por que cada uno a pesar de todo, elige su final y ascensión.


Yo la tuve tan solo un par de años, tuve la suerte de poder compartir

este mundo con ella, por eso mi querida Cari, las acciones terrenales de

organismos inferiores como los que contás en tu nota, no tienen ningún

efecto.


Gustavo Litvin


Cari, lo siento mucho por Palindo, la verdad que otra más de la gente de mierda que vive en este pequeño país.

Un abrazote bien fuerte, JL.


José Luis, el negro



oh cara mia


MMMM Palindo. No sabia, que tristeza. que mala es la gente mala.


mientras leia el articulo me venian a la mente sensaciones, emociones y

recuerdos. Casi exacto a lo que describre Gustavo. Esa energia, esa

tenacidad, ese valor. Tantos recuerdos.


La siento flotar cerca mio.


Mini, I miss your more than the words can express.


Forever


la grace


Grace Rozenblum


Hola Cari: recién puedo abrir el documento de este correo tuyo de hace ya una semana. El mensaje había entrado en otra máquina y no lo había visto, aunque ya me habías dicho. Conocí a Palindo, hermoso nombre. Vi la foto, los vi a todos Uds. gozosos, festejando su vida, la vida.
Cari querida, no sé si este es un país de mierda, lo que es seguro es que en la cabeza de muchos habitantes de este suelo eso, desborda. También están los otros, los que sufren las consecuencias: los “humillados y ofendidos”, al decir de Dostoievski, son/somos los que sentimos la carne lacerada frente al dolor del mundo, Cari. Asistimos continuamente a la destrucción de nuestros sueños ¿o no vemos rodar por el aire el polvo y sangre de miles de seres que diariamente masacra el orden mundial establecido? Mientras, muchos creemos que se puede dormir en paz, ir bien vestido y panza/llena, etc., etc. Me rebelo ante todo esto, Carimagu, mil veces me cago en el orden establecido y en los que podan vidas en cualquiera de sus formas. Mas algo hay que hacer, y ya no hay dudas, más allá de la justa insobornable denuncia. Nos va llegando la hora de poner el pie en otro sitio, tenemos que crear un nuevo espacio, no podemos quedarnos en la misma butaca, están dando otra película.
Sé que es el tiempo, nuestros pies deben echar a andar “y que esta vasta humanidad ya diga basta”… va el abrazo y la disposición,


Juan


Juan Carlos Maldonado

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Written by Carina Maguregui

14 julio 2005 a 2:02 PM

Publicado en Homenaje, Otros piensan

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