Producciones no domesticadas

Narrativas laberínticas y rizomáticas

Si me puedes mirar

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“La utilidad de la poesía está en recordarnos que es díficil seguir siendo la misma persona, porque nuestra casa está abierta, su puerta, sin llave, y los huéspedes invisibles salen y entran” escribe con sensibilidad el poeta Czeslaw Milosz. Un poema es la cifra misteriosa capaz de decirle al mundo lo que nos sucede y atraviesa, como estas palabras de la poeta argentina Olga Orozco que acerco a continuación porque me expresan con absoluta fidelidad. Por supuesto le dedico el poema de Orozco a mi mamá, la hermosa Mini, que se fue del mundo visible el 21 de julio de 2003. Mami: para vos, y para quienes tengan ganas de leerlo.


“Si me puedes mirar”

Madre: es tu desamparada criatura quien te llama,
quien derriba la noche con un grito y la tira a tus pies como un telón caído
para que no te quedes allí, del otro lado,
donde tan sólo alcanzas con tus manos de ciega a descifrarme en medio
de un muro de fantasmas hechos de arcilla ciega.
Madre: tampoco yo te veo,
porque ahora te cubren las sombras congeladas del menor tiempo y la mayor distancia,
y yo no sé buscarte,
acaso porque no supe aprender a perderte.
Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo,
vuelta estatua de arena,
puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal,
los signos con que habremos de volver a entendernos.
Aquí estoy, con los pies enredados por las raíces de mi sangre en duelo,
sin poder avanzar.
Búscame entonces tú, en medio de este bosque alucinado
donde cada crujido es tu lamento,
donde cada aleteo es un reclamo de exilio que no entiendo,
donde cada cristal de nieve es un fragmento de tu eternidad,
y cada resplandor, la lámpara que enciendes para que no me pierda entre las galerías de este mundo.
Y todo se confunde.
Y tu vida y tu muerte se mezclan con las mías como las máscaras de las pesadillas.
Y no sé dónde estás.
En vano te invoco en nombre del amor, de la piedad o del perdón,
como quien acaricia un talismán,
una piedra que encierra esa gota de sangre coagulada capaz de revivir en el más imposible de los sueños.
Nada. Solamente una garra de atroces pesadumbres que descorre la tela de otros años
descubriendo una mesa donde partes el pan de cada día,
un cuarto donde alisas con manos de paciencia esos pliegues que graban en mi alma la fiebre y el terror,
un salón que de pronto se embellece para la ceremonia de mirarte pasar
rodeada por un halo de orgullosa ternura,
un lecho donde vuelves de la muerte sólo por no dolernos demasiado.
No. Yo no quiero mirar.
No quiero aprender otra vez el nombre de la dicha en el momento mismo
en el que roen su rostro los enormes agujeros,
ni sentir que tu cuerpo detiene una vez más esa desesperada marea que lo lleva,
una vez más aún,
para envolverme como para siempre en consuelo y adiós.
No quiero oír el ruido del cristal trizándose,
ni los perros que aúllan a las vendas sombrías,
ni ver cómo no estás.
Madre, madre, ¿quién separa tu sangre de la mía?,
¿qué es eso que se rompe como una cuerda tensa golpeando las entrañas?,
¿qué gran planeta aciago deja caer su sombra sobre todos los años de mi vida?
¡Oh, Dios! Tú eras cuanto sabía de ese olvidado país de donde vine,
eras como el amparo de la lejanía,
como un latido en las tinieblas.
¿Dónde buscar ahora la llave sepultada de mis días?
¿A quién interrogar por el indescifrable misterio de mis huesos?
¿Quién me oirá si no me oyes?
Y nadie me responde. Y tengo miedo.
Los mismos miedos a lo largo de treinta años.
Porque día tras día alguien que se enmascara juega en mí a las alucinaciones y a la muerte.
Yo camino a su lado y empujo con su mano esa última puerta
esa que no logró cerrar mi nacimiento
y que guardo yo misma vestida con un traje de centinela funerario.
¿Sabes? He llegado muy lejos esta vez.
Pero en el coro de voces que resuenan como un mar sepultado
no está esa voz de hoja sombría desgarrada siempre por el amor o por la cólera;
en esas procesiones que se encienden de pronto como bujías instantáneas
no veo iluminarse ese color de espuma dorada por el sol;
no hay ninguna ráfaga que haga arder mis ojos con tu olor a resina;
ningún calor me envuelve con esa compasión que infundiste a mis huesos.
Entonces, ¿dónde estás?, ¿quién te impide venir?
Yo sé que si pudieras acariciarías mi cabeza de huérfana.
Y sin embargo sé también que no puedes seguir siendo tú sola,
alguien que persevera en su propia memoria,
la embalsamada a cuyo alrededor giran como los cuervos unos
pobres jirones de luto que alimenta.
Y aunque cumplas la terrible condena de no poder estar cuando te llamo,
sin duda en algún lado organizas de nuevo la familia,
o me ordenas las sombras,
o cortas esos ramos de escarcha que bordan tu regazo para dejarlos a mi lado cualquier día,
o tratas de coser con un hilo infinito la gran lastimadura de mi corazón.
Olga Orozco (1962)

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Written by Carina Maguregui

13 diciembre 2003 a 10:43 AM

Publicado en Homenaje, Textualidades

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8 comentarios

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  1. me hace acordar al poema de miguel hernandez “elegia” que siempre me parecio tan hermoso y tan terrible porque muestra un estado de animo tan fielmente, que da miedo, espero que pronto puedas escribir un poema donde se encuentren los aromas, los colores y el espiritu genial y divertido de esa personita tan amada.
    te mando un beso enorme y un abrazo de oso.
    Posted by Roby at Diciembre 13, 2003 12:35 PM

    Roby Diego

    20 marzo 2004 at 4:04 PM

  2. Cari
    Acabo de leer el poema y no puedo más que conmoverme. No se puede decir mucho más….
    solo te mando mis poesías imaginarias pero de las que contengan momentos de tranquilidad, alegría, placer.
    Tu maravillosa sensibilidad sabrá como encontrar esos momentos.
    un beso grande y gracias por el encuentro con esa maravillosa poesia.
    Laura
    Posted by Laura at Diciembre 13, 2003 09:06 PM

    Laura Cukierman

    20 marzo 2004 at 4:06 PM

  3. LA MADRE (poema de Romilio Ribero, poeta cordobés)
    “No sé quisiera estar en una Patria
    llena de merecidas coronas, de cambiantes cielos, de jazmines que
    repiten su perfume cada primavera,
    para hallarte, aposentada en las bendiciones de los frutos
    o debajo de los antiguos ríos que aún cantan en las majestuosas
    llanuras.
    Yo quise una vez, en los jóvenes años de la nostalgia
    sin la crueldad ni el asombro,
    hablar contigo de mí mismo;
    penetrar en tu fábula, en tu guerra de luz, en tu llanto,
    oh perdida criatura.
    Como en la muerta noche de un destierro
    has dejado tu cofre con las cintas celestes de una infancia;
    pastora alucinada que alimentó mi reino de condenas;
    a veces, como un terrible mendigo que llama a cada instante
    escucho, oigo tu confuso llanto por la muerte de un niño.
    Oh madre mía;
    no hablemos más. En el hogar vacío de mi sombra
    han quedado tus lienzos, tus aceites, esos suaves ropajes
    que se cubren de celestes arañas en la hora raída de los sueños,
    yo volveré de nuevo hacia mi exilio:
    tengo que alzar mis manos para dormir tus ojos en la arena.
    Entonces, los objetos de tu oscuro país,
    los collares de nieblas, los rosarios de vidrios perforados,
    los mendigos que cantan por el sur,
    pálidos niños de las horas muertas, despedirán tu sombra.
    Duerme Selia Ribero en tan honda distancia, junto a un pez arenoso
    con las marchitas flores que alrededor del tiempo ahuecarán tus huesos”.
    Romilio Ribero (“Tema del deslindado”, año 1958)
    Junto al compartir, el abrazo enorme, hasta pronto
    Juan
    Posted by Juan Carlos Maldonado at Diciembre 14, 2003 10:05 PM

    Juan Carlos Maldonado

    20 marzo 2004 at 4:07 PM

  4. Sabés amor, que en general no me conmueve la poesía, pero ésta entró.
    Quisiera saber que le pasó a la mamá de Olga, ya que me pregunto cuando la leo si no es tu nuevo pseudónimo. Parece tu interior y no el de otra persona.
    Me pregunto igual, siempre lo hago, si todo este dolor tiene alguna utilidad. Si todo lo que hace la naturaleza sirve para algo, esto nos dejará algo?
    Y pienso…pienso, pienso…
    Beso
    Posted by Hernán at Diciembre 15, 2003 08:59 AM

    Hernán Aldana

    20 marzo 2004 at 4:08 PM

  5. Hola Cari:
    El poema no es sólo conmovedor sino también coincidente con “nuestras realidades” y sentimientos a la hora de encontrarnos con el corazón y el alma. Concuerdo con las apreciaciones de “Hernán”, parece que te conoce bien..
    Te quiero mucho
    Poyito.
    Posted by Thelma Verónica Poggio at Diciembre 15, 2003 05:14 PM

    Thelma Poggio

    20 marzo 2004 at 4:09 PM

  6. Querida Cari:
    No hacen todavía ni cuatro décadas
    que fuí huerfana de amor.
    Pero no pude recomponerme aún,
    de aquella muerte anunciada
    y busque señales de consuelo
    durante largos años, infructuosos.
    Y me pregunté: Porqué a mí?
    Y grité: Porqué a nosotros?
    Y lloré: Porqué este dolor no cesa?
    Descifré algo del misterio,
    cuando acune en mi seno a mi niña primero,
    y cuando encontre en los ojos de mi Javi
    su mirada y su risa,
    también haciendo trizas
    lo irrecuperable de su adios violento,
    pero cierto.
    A veces creo que quedó conmigo,
    lo mejor de su alma
    lo sano que tenía
    lo poco que quería
    lo bueno
    lo deseado
    lo puro, la alegría
    la vida que sorprende, apasiona y palpita,
    aquello que no pudo y quiere que consiga, todavía:
    ser felíz, compartir, ser consuelo y cobijo
    Mejorar cada instante y pensar, y soñar,
    y luchar por mañanas que no veré
    por tiempos que escapan
    de un proyecto finito
    que volverá
    a llenar de horfandad
    a otros seres que llamarán en vano
    y a quienes escucharé sin poder responder
    más que con mi silencio descifrable
    solamente con el paso
    de los tiempos.
    Te quiere Dori
    Posted by Dori at Diciembre 16, 2003 01:10 AM

    Doris Garzón Torres

    20 marzo 2004 at 4:12 PM

  7. El dibujo tenue, apenas descifrable, pero descifrado, indeleble, de las correspondencias.
    El sábado leí ese hermoso poema de Olga Orozco que vos nos reescribís desde tu sensibilidad y tu dolor, y mi cabeza disparó algunas relaciones. Pensé, por ejemplo, que el viernes a la noche estuve en casa de Elizabeth Azcona Cranwell, quien fue muy amiga de Olga Orozco (la tercera de ese trío maravilloso, fue A. Pizarnik). Liz, quien ahora está muy enferma no obstante que conserva la lucidez y la magia de su don, me presentó a Orozco hace unos seis años en una lectura de poesía en lo de Josefina Arroyo. Estaban las dos sentadas a la misma mesa, homenajeadas por todos, con esa convicción sincera en la dignidad del poeta, que no descartaba, por supuesto,la humildad, actitudes que parecen olvidadas. Olga Orozco, a pesar de que ya era una mujer vieja y al poco tiempo moriría, tenía una cara noble y hermosa, morena, casi sin arrugas, frente amplia, ojos verdosos, pelo entrecano y lacio, y un porte y una elegancia magníficos;y, en extraña dialéctica con su escritura que, por cierto, no elude ciertas oscuridades, ella era una mujer alegre, irónica, apasionada, vivaz. Sé que sufrió en su vida varias pérdidas, incluidas la de dos hermanos muy cercanos a ella, y cuando la conocí acababa de morir su marido (el tercero, un ingeniero, o arquitecto, con quien estuvo muy unida). Orozco también habló mucho de su madre en un libro en prosa “La oscuridad es otro sol”, de 1967, es decir, cuando ella tenía 47 años.
    Y siguiendo con lo casual y lo anecdótico, las otras noches, Liz Azcona habló mucho de su madre, a quien no llegó a conocer, murió cuando ella tenía dos años, y me dijo que vivió siempre la maternidad como una gran ausencia, y que recordaba, o creía recordar, que en el velatorio, estando ella en brazos de su niñera, soplaba las velas de la capilla ardiente, y la niñera le decía -no, no soplés las velas, están encendidas por tu mami, ella se fue muy lejos, de viaje, va a tardar mucho en volver. Durante toda su infancia, me dijo Liz, no quería ni acordarse ni oir nombrar a su madre, tal su rechazo.
    En su libro “El reino intermitente”, Azcona Cranwell dice en el fragmento II del poema “Signos Herméticos”:
    “Yo no llamé a mi madre
    no podía decir
    no podía rezar
    no podía cantar.
    Veía un agua azul
    un agua gris
    verdosa
    cosas que se borran con su cuerpo
    atavíos sin libertad para elegir.”
    Los artistas y la transmutación del dolor. .
    Te mando, Carina, un gran abrazo y todo mi consuelo.
    Horacio
    Posted by Horacio at Diciembre 16, 2003 02:18 PM

    Horacio F. Herrera

    20 marzo 2004 at 4:15 PM

  8. oh cara mia:
    tan explícito el sentimiento de este poema. yo también llamo a mi mamá, que ahora tanto la necesito. Te pienso, te siento, comparto tu dolor como propio. Pero como yo creo en ÁNGELES sé que te cuida, te mima, te da besitos que algun día vas a poder reconocer. Lo importante ahora, es seguir progresando para que su orgullo, el que siempre tuvo, siga creciendo con tus progresos.
    Comparto el pensamiento del Herni. Yo también pienso y pienso….
    mirate hacia adentro, está contigo.
    te requiero,
    la grace
    Posted by grace at Diciembre 16, 2003 06:49 PM

    Grace Rozenblum

    20 marzo 2004 at 4:17 PM


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