Producciones no domesticadas

Narrativas laberínticas y rizomáticas

El Proyecto Filoctetes

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filoctetes1 Los espíritus de Agamben y Foucault sobrevolaron Buenos Aires durante una jornada: la intervención urbana que le puso el cuerpo a la crisis.
Filoctetes, el del pie podrido y hediondo, se transforma súbitamente en un desclasado de la sociedad griega, y como su hediondez lo hace impresentable e insoportable es desterrado a la isla de Lemnos. Este mítico personaje le sirvió de excusa al artista argentino Emilio García Wehbi para pensar la vida marginal en las ciudades actuales.


Según Wehbi, nuestras ciudades, todas, con distintas graduaciones pero sin grandes diferencias, tanto New York, como Buenos Aires, Sydney, México, París, Sao Paulo o Londres son nuevas Lemnos contemporáneas y allí sobreviven miles y miles de harapientos Filoctetes con sus pies podridos y apestosos “ensuciando nuestras calles y afeando el paisaje”.

A grandes rasgos, para Wehbi, hay dos tipos de gentes en las calles de nuestras ciudades: los transeúntes, que las recorren y atraviesan, se benefician de sus servicios y comodidades; y los que las habitan realmente: los sin hogar, niños de la calle, mendigos, pordioseros e indigentes, es decir, “los inmigrantes” que son expulsados a ellas.

Como artista, Wehbi que es dramaturgo y actor de teatro, uno de los fundadores e integrantes de El periférico de objetos, deseaba interrogar estéticamente el vínculo entre ambos grupos, explorar más allá de la obvia indiferencia de los primeros hacia los segundos e indagar en las reacciones y consideraciones de los privilegiados, los afortunados, entre los que nos encontramos, y ver qué sucedía en esa confrontación hiperreal (pero ficticia, de performance) con la muerte y la miseria como parte de la vida cotidiana.

Asi cobró “cuerpo”el proyecto Filoctetes cuya consigna era interrogar en términos estéticos los posibles vínculos que se establecen en la ciudad entre el transeúnte y un cuerpo en la calle, y sus posibles consecuencias. A tal fin, una serie de veinticinco cuerpos hiperrealistas -hechos de látex y con vestimenta- fueron ubicados a un mismo tiempo en veinticinco lugares específicos de la ciudad de Buenos Aires. El criterio en la elección de las locaciones fue consecuencia de un análisis geográfico, histórico y simbólico de nuestra ciudad.

Los cuerpos se ubicaron durante la madrugada del 15 de noviembre de 2002 de tal forma que fueran descubiertos por una audiencia no advertida a partir de la mañana -al comienzo de la jornada laboral-, postrados en la calle, durmiendo en la entrada de un museo, colgados de un árbol, tirados sobre una mancha roja, atados, la mitad del cuerpo embolsado, otros sentados, arrodillados, etc. Algunos tenían dentro de la ropa reproductores de audio ocultos a través de los cuales se emitían tenues sonidos de sollozos.

Cada cuerpo fue supervisado por un equipo de tres personas participantes de la experiencia: un responsable de la ubicación del cuerpo y su mantenimiento en caso de que fuera removido por algún transeúnte y/o policía y encargado además del enlace con los responsables de la acción, contacto con las autoridades en caso de incidentes, etc. y dos personas más abocadas a realizar la documentación visual y sonora (video filmación, fotografías, grabación sonora de las reacciones, de la intervención policial, etc.) durante el tiempo que estuviera emplazado el cuerpo en el lugar. (La jornada de la intervención se extendió desde las 7:00 am hasta las 3:00 pm).

El proyecto involucró alrededor de 80 personas, muchas de las cuales -no todas- son realizadores y asistentes a cursos del Centro Cultural Ricardo Rojas que se sumaron con entusiasmo a la convocatoria lanzada por García Wehbi. Intervinieron fotógrafos, videastas, cineastas, actores, artistas visuales, estudiantes de producción, etc. La información reunida durante el evento por los veinticinco equipos (fotos, videos, entrevistas, documentación de incidentes, etc.) fue analizada durante un seminario que se realizó en el Rojas con la colaboración de reconocidos intelectuales.

El material fílmico fue editado en formato de video y exhibido en el mismo Rojas el 13 de diciembre pasado. El resultado de los contenidos del material reunido y el análisis producto del seminario, junto con toda la documentación gráfica (que incluye el mapa con la ubicación de los 25 puntos de la ciudad) fue compilado y editado en un breve libro/folleto explicativo -del que obtuve los detalles para contarles esta experiencia-.

La intervención urbana fue una coproducción de García Wehbi y del Rojas y contó con el apoyo logístico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El artista logró el respaldo para la realización de este evento recién luego de haberlo realizado en mayo de 2002 en la ciudad de Viena, Austria, donde fuera auspiciado por el Wiener Festwochen.

Fue muuuuuy interesante observar las reacciones de la gente en el video y en el debate posterior a la exhibición. Las opiniones, sobre todo, las que se referían a la falta de respeto que implicaba “regar” la ciudad con cuerpos de látex teniendo en cuenta la “historia” argentina reciente y los 30.000 desaparecidos… (¿?), me sorprendieron.

Que una intervención creativa indigne y, hasta incluso, dispare violencia en personas que soportaron, soportan y toleran lo indecible por parte de diversos sectores que en distintas épocas y, por supuesto, en la actual violentan cotidianamente a los cuerpos sin límite hasta dejarlos exangües es bastante incomprensible.

Si bien, tanto García Wehbi como otros participantes del proyecto repitieron una y mil veces que la intervención no se trataba de un estudio sociológico sino que era un acto de arte (o al menos esa era su intención) cuyo poder subversivo corroe justamente por mimetizarse con el objeto de la interrogación, el debate generó puntos de vista de lo más diversos, encendió los cerebros y las pasiones más rápido que los fósforos y sacudió uno que otro prejuicio. Se habló de arte, se habló de payasada, de falta de respeto, de muestra casi científica, de manipulación, en fin. Hubo más efusividad y ánimo revuelto en el debate que en las propias calles. Y eso también da para pensar.

Sobre los testimonios de los sorprendidos en las calles ese 15 de noviembre, (entre los que no me encuentro a pesar que uno de los cuerpos de la intervención fue “sembrado” justo en la esquina de mi casa en Av. San Martín y Juan B. Justo, no sé si no pasé por allí ese día o si soy otra indolente/indiferente a la que ya no le interesa lo que sucede alrededor) podría decirse (y generalizarse sin problemas porque no se trata de una muestra para estudio antropológico) que la mayoría pasaba de largo.

Algunos curioseaban más, otros menos, algunos ni miraban y estaban aquellos que lo hacían de reojo pero sin comprometerse a nada, ni siquiera a perder unos segundos en averiguar si la persona (cuerpo) estaba viva o muerta. Algunos quisieron robarle la ropa a los cuerpos. Ciertas personas insultaron y golpearon a los muñecos e insultaron y golpearon a uno de los participantes del proyecto encargado de uno de los puntos de la intervención. A ciertas personas les molestaba la presencia del cuerpo en su acera (comercios de Recoleta) la cuestión no pasaba por si estaban vivos o muertos, sino que “se veían mal”.

En esas veredas (que no son propiedad privada) se veían mal los Filoctetes. También hubo prepotentes ocupantes de espacios públicos que forzaron a un equipo a retirarse junto con el “cuerpo” presionando agresivamente. En fin, un panorama bastante oscuro.

A pesar que la mayoría ni se inmutó, ocurrieron algunos actos de solidaridad -los menos, poquísimos- una anciana le alcanzó un vasito de café a un muñeco y trató de hacerlo reaccionar llamándolo “señor”, una mujer intentó conseguir asistencia médica y ayuda para uno de los muñecos hasta que fue informada que se trataba de una intervención, un hombre quiso levantar en andas a un muñeco para llevarlo al hospital, otros llamaron a la policía porque creían que alguien agonizaba y debía ser trasladado para su atención.

También, entre los muy pocos solidarios, algunos se enojaron mucho al ser informados de la performance porque se sintieron estafados en su buena voluntad.

A mi criterio, la intervención y lo que ella generó se entronca, sin duda, con aquello de lo que ya nos hablaron, por ejemplo, Giorgio Agamben y Michel Foucault, entre otros. En este sentido, resulta lúcido y polémico el análisis que desarrolla Giorgio Agamben alrededor del concepto de Homo sacer: “La nuda vida tiene, en la política occidental, el singular privilegio de ser aquello sobre cuya exclusión se funda la ciudad de los hombres.”

Agamben extrema la posición llevando a los orígenes de la Polis el advenimiento de una lógica de la exclusión sobre la que se montará el universo significativo de la política. Según el filósofo italiano, la pareja fundamental de la política occidental no es la de amigo-enemigo, sino la de la nuda vida-existencia política, exclusión-inclusión. Agamben dirá, entonces, que se opera un doble movimiento que funda la política occidental: de un lado el advenimiento material de la nuda vida, aquel individuo eliminable, puro desecho sin significación, y, por el otro lado, la construcción, en tanto fenómeno del lenguaje, de la exclusión.

En palabras de Foucault, el hombre es una presa inmediata de las relaciones de poder que operan sobre él: poderes que lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos.
Uno puede estar de acuerdo o no con el proyecto de García Wehbi -es materia opinable y discutible- pero no podemos negar que dicha intervención le otorgó (tomándolo por asalto) el espacio necesario para la expresión de esas voces marginales que nos llegan desde las zonas de muerte.

Los muñecos de látex corporizaron a esas voces que son víctimas del abandono, carecen de la cobertura de las mínimas necesidades, están fuera de la ley, de los derechos humanos y de la interacción comunicativa. Buenos Aires es una de las tantas ciudades que tristemente ejemplifican la situación de vida desnuda que definió Agamben. O, en palabras de Guáttari y Deleuze, ciudades que representan los neoterritorios territorios artificiales, zonas residuales que se forman en la nueva cartografía contemporánea.
Los cuerpos de la intervención ya se retiraron de las calles, los otros no. No dejemos de verlos. Busquemos soluciones para que también puedan retirarse de las calles a sus hogares como lo hacemos nosotros.

Algunas referencias
Version Clarin del evento
Version Pagina/12 del evento
Versión que no acepta ninguna de las otras dos versiones anteriores

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Written by Carina Maguregui

19 febrero 2003 a 8:33 PM

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